PAISAJES REAPROPIADOS
de Gerardo Rojas
“…una
imagen es algo que convierte en invisible su antes y su después”
Jeff
Wall
Panorama: el
espectáculo del paisaje
Estamos ante imágenes fotográficas de
gran formato, colocadas y dispuestas ante nosotros en ciertas secuencias de
lectura. Cada una de ellas parece organizarse bajo la forma de un punto de
vista casi imperceptible. La plenitud, extensión y frontalidad del punto de
vista de casi todas las imágenes no me hacen pensar en un primer momento en el
fotógrafo o en el dispositivo que las ha configurado y procesado sino más bien
en la fuerza indicativa del tema y sus tonalidades perceptivas. Desde finales
del siglo XIX y a través de todo el mundo los panoramas se han distinguido por
la amplitud del campo, la inclusión visual de grandes extensiones de espacio,
de arquitecturas y lugares. El panorama es una suerte de exceso de la visión, una plusvalía visual y estética que la imagen
nos dona. El panorama nos coloca a menudo en el límite de la visión. Es la
expresión de un deseo de abarcar lo inabarcable en su total extensión y al
mismo tiempo una prueba incontestable de la bondad de la imagen fotográfica. El
gran formato y la amplitud del plano visual es un signo de ese exceso. Un
exceso que desborda la visión y que reclama la mirada del explorador, del viajero que navega de costa a costa. Y no en vano
muchas de estas fotografías parecen el resultado de un ojo que navega entre mares, mares de agua o mares urbanos, un ojo
que mira y captura como si lo hiciese desde un largavistas,
un observatorio itinerante, en travesía.
Panoramas
digitales: A partir de
este primer efecto panorámico el lector accede a otro nivel de lectura, el del signo digital. Pero el significante
digital no es un proceso que ha querido ser explícito sino indicado, sugerido.
Lo digital y sus posibilidades de transformación del sentido del tema están
incluidos en el del paisaje panorámico y las interpretaciones locales, éticas,
estéticas, políticas (en el sentido de la polis)
dependen mucho de las competencias del observador. En efecto si no somos
acuciosos no nos percatamos de las manipulaciones, inserciones y
transformaciones digitales. Los títulos
de las imágenes, excepto unas pocas, no van orientados hacia esta
lectura retórica de la imagen digitalizada. Lo digital está inmerso, orientado
a un efecto y a una interpretación analógica
de lo real y de sus sentidos posibles, entre ellos y a mi modo de ver
sobresale un efecto de lejanía, de toma de distancia
hermenéutica, del punto de vista amplio y arquitectónico similar a la icononografía romántica del paisaje pictórico. El signo de
la técnica se subordina al signo estético de una mirada neo-romántica, gráfica,
pictórica. Las inserciones y transformaciones digitales pretenden indicarnos
los sentidos de un paisaje percibido y tienen la misma legitimidad estética que
el tipo de encuadre y de tratamiento cromático
Releyendo
a Roland Barthes: En un libro conocido por los estudiosos
de la fotografía analógica (La cámara
lúcida) Barthes decía que una fotografía se
encuentra siempre fundada en un gesto de
indicación y que lo que ella reproduce al infinito ha tenido lugar una sola
vez. Es uno de los índices más legitimados del realismo. La fotografía como analogon repite lo que nunca podrá repetirse
existencialmente. Lo que significa que en ella nunca se sobrepasa el
acontecimiento como tal. Una fotografía, y sobre todo aquella que me atrae,
siempre me remite al cuerpo, al lugar que veo, a una
suerte de particular absoluto. Al ver una fotografía decimos que esto es real, existe, existió. Un tiempo presente-ausente, un pasado-presentificado.
Estos sentidos y efectos de signo no
dejan de aparecer en esta serie. Siempre he sostenido que lo digital queda
socialmente incluido en el poder
analógico de las imágenes. Estos panoramas son otro ejemplo de estos
efectos y sentidos de la representación icónica e indicial
de las fotografía a no ser que, lo que no ocurre en esta serie ni es su
intención, la digitalización y sus posibilidades retóricas sean colocadas en un
primer plano de lectura de la imagen. El efecto interpretante de lo digital
aparece aquí, pero en forma periférica y como un procedimiento de inserción
subordinado al significado global y estético del panorama analógico. Es un
expediente más, casi con la misma relevancia que todos los indicadores técnicos
que pueden aparecer en la superficie de una imagen: el marco, el grano o pixelado, la presencia diferida del fotógrafo, los reflejos
de la cámara…
Reapropiarse,
intervenir, volver real:
Panoramas intervenidos. ¿En que sentido?. Los
fotógrafos siempre intervienen, capturan y se apropian de los lugares pero para
hacerlos y volverlos más reales de lo que serían a simple vista. No existe,
estrictamente hablando, una imagen reflejo y verdaderamente correspondiente a
lo que configura. Todo dispositivo técnico codifica, de algún modo, el mundo
real y los dispositivos digitales hacen más evidente estos procesos de
producción de sentido. La cámara obscura re-codifica, al igual que la cámara digital,
nuestra mirada de las cosas, los seres y los lugares. Las fotografías
artísticas, además de convocar nuestra sensibilidad y nuestras emociones, casi
siempre ponen en evidencia estos artificios y nos hacen repensar y reflexionar
sobre el significado social y estético de las imágenes y su poder sobre lo
real. Estas fotografías poseen signos y marcas secundarias de intervención y
manipulación visual. Todas ellas parecen apuntar a algo muy relevante a mi modo
de ver en relación al papel de la imagen artística en general (pintura,
grabado, fotografía): recolocar la naturalidad de lo observado a simple vista y
explorar sus capas de sentido a través de la mirada del dispositivo. Volver más
real la mirada a “simple vista”. Los paisajes acentuados, pixelados,
yuxtapuestos, recompuestos, acceden para el espectador a un status más elevado
de lo real. Baudrillard dijo una vez “…si se quiere comprender lo invisible, hay
que penetrar tanto como sea posible en lo visible.”
Lugar,
tiempo, referencia: En
esta serie hay marcas de una reapropiación
personal pictórica, arquitectónica del paisaje y las intervenciones digitales
están creadas para producir leves dudas
acerca de la referencia y el status o
condiciones de realidad de lo fotografiado. Pero de eso se trata. De crear
efectos de realidad que nos induzcan, a partir del espectáculo de la mirada
panorámica, a re-ver lo conocido o lo previsto. Hay algunas referencias de
lugar y de fecha pero non son “suficientes” y parecen funcionar como en los
títulos de las pinturas y los cuadros de paisaje. Exactamente ¿ cual es el
tiempo de esos lugares?, ¿Cuál es su referencia puntual?.
No se pretende responder a estas preguntas. La amplitud y estructura de cada
foto desborda la orientación del título.
Los signos de indicación y de
particularización (esto, aquí…) si
bien presentes quedan limitados a lo indispensable para abrirnos hacia el
sentido de la apertura, de cierta inconmensurabilidad de la imagen, del espacio
percibido-sentido, que se resiste al recorte, al encuadre marcado. Un lugar
(este, aquí) pero al mismo tiempo (allá,
más allá).Un tiempo (del ahora, de la
toma) pero al mismo tiempo y sobre todo un halo intemporal, una referencia
abierta y a veces estéticamente ambigua y oscilante que apela a la duda, a la
vacilación leve del intérprete.
El
lenguaje de la imagen: reiteraciones y motivos.
Hay constancias y regularidades
figurativas. Esto permite trazar el contorno de un lenguaje personal. Entre
ellos la repetición de la distancia y
de la clara distribución de la línea de
horizonte. Una línea que divide y une a la vez dos o tres espacios
dispuestos por capas: el mar o el río, las nubes, la vegetación o las montañas,
las aglomeraciones y construcciones arquitectónicas. Esta disposición de
reitera en el fondo cambiando las modalidades visuales. Solo las
serie del 23 de Enero y otras análogas hacen uso de otra modalidad aboliendo la
línea de horizonte y las dualidades de relación (mar-tierra-cielo) por la
yuxtaposición de planos y estructuras. La repetición, la superposición y la
acumulación arquitectónica toman a veces el lugar de la extensión por capas pictóricas del paisaje. A excepción de algunas
imágenes se reitera la visión lejana, el placer de la mirada distante pero al
mismo tiempo organizadora del paisaje. El uso de estos elementos produce al
mismo tiempo una sensación y percepción de una temporalidad extendida, larga, que roza lo intemporal. El tiempo
del espacio fotografiado se conecta con el tiempo de lectura visual del
panorama. Intermedias entre lo eufórico y lo reflexivo, configuradas casi todas
ellas sobre un punto de vista panorámico y pictórico, estas fotografías , cuyos
efectos de pixelado sortean su expediente técnico a
favor de lo analógico, parecen invitarnos a aquella misma escena de encuentro y de duda, de oscilación en relación a la
percepción del aura del lugar, de sus
propiedades como lugares de la existencia o, por el contrario y al mismo
tiempo, como imágenes de prueba, simulacros
visuales donde ponemos a prueba las posibilidades estéticas de la
exploración de lo real:
“…nada es menos real que el
realismo, los detalles son desconcertantes,
sólo
por medio de la selección, la omisión, la acentuación, avanzaremos hacia el
significado de las cosas”
Georgia O´Keeffe.
Rocco Mangieri
Agosto 2009